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26.8.13

SOBRE ALGUNAS INCORRECCIONES LITÚRGICAS EN LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

En este artículo vamos a puntualizar algunas incorrecciones, bastante generalizadas, que observamos, en el desarrollo de la Eucaristía.
En primer lugar,  observamos que,  al Evangelio, algunos fieles e incluso a veces el celebrante se santiguan. Lo que está  dispuesto en la OGMR es que “Ya en el ambón, el sacerdote abre el libro y, con las manos juntas, dice: El Señor esté con vosotros; y el pueblo responde: Y con tu espíritu; y en seguida: Lectura del Santo Evangelio, signando con el pulgar el libro y a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, lo cual hacen también todos los demás. El pueblo aclama diciendo: Gloria a Ti, Señor (OGMR 134).  Por lo tanto, santiguarse sobra. Aclaramos  que santiguarse es hacer la cruz llevando la mano derecha de la frente al pecho y del hombro izquierdo al derecho.
Más que invitar a rezar el Credo, invitación que algunos sacerdotes hacen a los fieles, es mejor invitar a proclamar nuestra fe. El Credo no es, en sentido estricto, una oración, por lo que difícilmente se puede rezar. Las oraciones van siempre dirigidas a Dios, en cualquiera de sus tres personas, a la Virgen o a los santos, para alabarlos, impetrar su protección, dirigirles peticiones o agradecerles favores recibidos. En el Credo no se hace nada de lo anterior: es una declaración de Fe, de lo que el individuo profesa, una relación de afirmaciones que resumen nuestra fe católica. “El Símbolo se canta o lo dice el sacerdote juntamente con el pueblo, estando todos de pie” (OGMR 137). No se dice nada de rezarlo. No obstante, es habitual incluirlo entre las oraciones cristianas.
También es frecuente permanecer sentados durante la oración colecta. La OGMR indica que hay que permanecer de pie: “Los fieles están de pie desde el principio del canto de entrada, o bien, desde cuando el sacerdote se dirige al altar, hasta la colecta inclusive; al canto del Aleluya antes del Evangelio; durante la proclamación del Evangelio; mientras se hacen la profesión de fe y la oración universal; además desde la invitación Oren, hermanos, antes de la oración sobre las ofrendas, hasta el final de la Misa, excepto lo que se dice más abajo” (OGMR 43). Pero es una costumbre inveterada,  muy difícil de erradicar.
A la invitación del sacerdote de dirigirnos al Padre, en la oración dominical, debemos comenzar a rezar el Padrenuestro desde la primera frase, no esperar a que el sacerdote la comience. De no ser así, estamos eliminando la palabra clave de la oración, la más cariñosa y la que encierra a las demás: que Dios es nuestro Padre.
La costumbre de algunos sacerdotes de purificar los vasos sagrados en el altar también es una costumbre difícil de erradicar. Lo adecuado es en la credencia, o al terminar la misa. Y si le asiste un diácono o un acólito instituido, debe dejar esa función para ellos y permanecer sentado, en el silencio tras la comunión.
Terminamos con unas aclaraciones sobre el color de las velas, tema muy consultado. Partimos de la base de que el color natural de la cera es blanco, por lo tanto, cuando la Liturgia habla de velas, se da por supuesto el color propio. De no ser así, lo dispondría expresamente. Para el culto sacramental no cabe duda de que la Liturgia dispone el color blanco: blanca es la estola con la que el sacerdote o diácono expone el Santísimo, blancas las velas para la exposición (dice el Ritual que sean como las de la misa),  que deben ser cuatro o seis, dependiendo de si la Exposición es en el copón o en la custodia, más solemne), blanco es el paño de hombros para dar la bendición (humeral), blancas las vestiduras en la solemnidad del Corpus Christi, blancas las flores, blanca la capa pluvial.
La costumbre de usar cera roja las hermandades sacramentales pertenece a la tradición y usos propios de las cofradías. Pero ese campo pertenece no a la Liturgia, sino a la piedad popular. Por lo tanto, yo entiendo que en la estación de penitencia pueden llevar los cirios del color que consideren adecuado, ya que no hay una norma clara sobre la cuestión, que yo conozca. La estación de penitencia  no es un acto litúrgico, es una acto de piedad popular, paraliturgias les llaman algunos. En cambio, para la Exposición con el Santísimo si está claro que deben ser velas blancas. “Para la exposición del santísimo Sacramento en la custodia se encienden cuatro o seis cirios de los usuales en la Misa, y se emplea el incienso. Para la exposición enciéndanse por lo menos dos cirios; se puede emplear el incienso” (Ritual nº 85).

         

1 comentario:

Anónimo dijo...

Enorabuena por su articulo sobre este blogs de liturgia. Me gustaría que en los próximos articulos hablase de terma relacionado con la formación en las Hermandades. un saludo